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Muchos pacientes recuperados de coronavirus Covid-19 y dados de alta de los centros de salud de algunos países, han manifestado varios meses después de la infección que persisten los síntomas de dificultad respiratoria y fatiga excesiva, lo que les impide reincorporarse a su ritmo de vida habitual.

Han pasado cinco meses desde que Lucy Gahan, psicóloga clínica de Shrewsbury, Reino Unido, contrajo el Covid-19 y su vida aún no ha vuelto a la normalidad, no ha podido regresar al trabajo.

La enfermedad causa lo que ella llama “tormentas”, períodos incapacitantes en los que siente dificultad para respirar, entumecimiento en sus manos y pies y su frecuencia cardíaca se dispara con tareas simples.

Antes de contraer la enfermedad a principios de abril, la madre de dos niños corría tres veces por semana y tenía una rutina de yoga regular. “Sólo puedo caminar hasta la esquina”, contó. “En términos de correr, no puedo imaginar cuándo sucederá, si es que ocurrirá”, expresó en un trabajo especial publicado este domingo 13 de septiembre en CNN en Español.

Ella es una de las miles de personas en todo el mundo para quienes el Covid-19 se ha convertido en una enfermedad crónica. Gahan y otros “largos portadores” de Covid-19 sienten que aún no reciben el reconocimiento concluyente por una enfermedad que los ha incapacitado durante meses, sin un final a la vista.

“Largos portadores” y enfermedad prolongada

Investigadores de la Unidad Respiratoria Académica de North Bristol NHS Trust en el Reino Unido, analizaron a 110 pacientes con Covid-19, cuyas enfermedades requirieron estadías en el hospital durante una media de cinco días entre el 30 de marzo y el 3 de junio.

Doce semanas después de que los pacientes fueran dados de alta del hospital, el 74% de ellos informaron síntomas, como disnea (dificultad para respirar) y fatiga excesiva.

El British Medical Journal (BMJ) publicó una nueva guía para los proveedores de salud en agosto, sobre cómo tratar a los pacientes “largos portadores” de Covid-19, estimando que hasta el 10% de todas las personas que dieron positivo en la prueba podrían desarrollar una enfermedad prolongada.

La guía incluye análisis de sangre específicos para realizar, posiblemente remitiendo a los pacientes a rehabilitación pulmonar y haciendo que utilicen la oximetría de pulso en casa para medir la saturación de oxígeno en la sangre.

Resultados como estos van en contra de una narrativa que se afianzó al principio de la pandemia, en la que muchos profesionales médicos creían que el paciente promedio de Covid-19 estaría enfermo durante un par de semanas, eliminaría el virus y estaría bien después.

“El caso clásico que todos tenemos en nuestras manos no siempre es lo que realmente sucede”, dijo el Dr. MeiLan King Han, neumólogo y profesor de medicina en la Universidad de Michigan. “Para los pacientes que he seguido, muchos continúan quejándose de tos, problemas respiratorios y fatiga severa mucho después de su primera infección”.

“Me quedo allí jadeando, luchando por la vida”

Muchos pacientes de Covid-19 sienten que el sistema médico los está apagando, diciéndoles que no hay nada malo, a pesar de que toda su vida se ha visto trastornada por las consecuencias del nuevo virus.

Corey Coopersmith, un consultor de fitness de 36 años de Las Vegas, no ha podido trabajar desde que se enfermó por primera vez a fines de febrero. Sufre un flujo y reflujo constante de síntomas y, sin embargo, visita tras visita a especialistas médicos, las pruebas de laboratorio arrojan resultados “normales”.

“Hace un mes, me hicieron un examen pulmonar y obtuve un 120% en la prueba de intercambio de gases”, dijo Coopersmith, y señaló que el médico le dijo: “Su función pulmonar es asombrosa”.

Finalmente, optó por visitar a un inmunólogo que realizó pruebas que indicaron una función anormalmente baja de las células inmunes, incluidas las células T y las células B.

“¿Le han hecho la prueba del VIH?” le preguntó el inmunólogo a Coopersmith. “Su análisis de sangre parece el de alguien a punto de contraer el SIDA”, recordó el entrenador, según revela el trabajo periodístico de CNN en Español.

Coopersmith, un luchador de artes marciales mixtas en sus 20’s, estaba en muy buena forma cuando contrajo el Covid-19 en febrero, con una frecuencia cardíaca en reposo de 58 latidos por minuto.

Sin embargo, ahora, cuando se despierta en medio de la noche para ir al baño, el Síndrome de Taquicardia Postural Ortostática (POTS por sus siglas en inglés) secuela del nuevo coronavirus, puede llevar su frecuencia cardíaca a 200.

Para poder dormir bajo sus nuevas limitaciones, compró una máquina de presión positiva continua en las vías respiratorias, un dispositivo con una mascarilla que empuja oxígeno a sus pulmones. “Me quedo allí jadeando, luchando por la vida”, comentó.

Coopersmith es uno de los muchos sobrevivientes de Covid-19 que intentan comprender por qué se siente tan sin aliento, a pesar de haber superado la enfermedad y de que su función pulmonar es excelente.