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En Venezuela, el sistema público de salud se ha debilitado tanto que sus ciudadanos soportan, a sus propias expensas, los gastos sanitarios más elevados de América Latina.

Los venezolanos cubren en promedio el 63% de sus gastos clínicos y preventivos para enfrentar la pandemia de coronavirus, según datos de la OMS y de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico; casi el doble que en Chile y más de cuatro veces que en Argentina.

En toda América Latina, los que tienen y los que no tienen recursos económicos viven y mueren en dos pandemias radicalmente diferentes, una extensión natural de la desigualdad económica que padecen a diario 652 millones de personas desde el Río Grande hasta Tierra del Fuego.

En una de las regiones más desiguales del planeta -y entre las más afectadas por el coronavirus-, quizá ningún país sea testigo de una brecha mayor que el «Paraíso de los Trabajadores»: La Venezuela de Nicolás Maduro.

Los médicos dicen que la necesidad de que los pacientes obtengan su atención en forma privada, o que compren sus propios suministros médicos para usarlos en hospitales públicos de escasos recursos, está dejando que un número incalculable de venezolanos pobres mueran durante la pandemia.

Sin embargo, algunos, unos pocos, pueden comprar bombonas de oxígeno, equipos, suero fisiológico, agujas y otros costosos suministros, además de contratar a enfermeras para que les atiendan en sus casas las 24 horas del día, indica un reportaje de The Washington Post.

Una familia con recursos o ayuda desde el exterior puede adquirir dosis de remdesivir, procedentes de un floreciente mercado negro local de medicamentos contra el coronavirus, a 140 dólares por unidad.

– 1.667 años de salario mínimo para no morir –

Tras un gasto total de 20.000 dólares en tres semanas -una suma equivalente a 1.667 años de salario mínimo en Venezuela-, un grupo familiar pudiente puede asegurarse una robusta capacidad de combate contra el SARS-Cov-2.

Para miles de personas en América Latina, donde el 1% más rico gana el 21% de los ingresos de la región, el doble de la media del mundo industrializado, la supervivencia en una pandemia que se agrava se reduce a la economía.

«A veces, sólo se trata del costo del oxígeno, del que algunos servicios sanitarios no tienen suficiente», dijo Ciro Ugarte, director de emergencias sanitarias de la Organización Panamericana de la Salud. «Las familias tienen que comprarlo y llevarlo a los hospitales. Si no tienen el dinero, en casos graves, su familiar probablemente morirá».

Los hospitales privados de América Latina, donde la atención puede costar más de 2.000 dólares al día, siguen siendo, en gran medida, el ámbito de los más ricos.

La atención domiciliaria está surgiendo como una alternativa menos costosa, incluso cuando drena los recursos de una clase media devastada por la pérdida de empleos relacionada con la pandemia.

Los hospitales públicos están tan mal equipados y financiados en Venezuela que una encuesta reveló que el 92% de las máquinas de rayos X no funcionaban y el 68% de las instalaciones carecían de agua corriente. Los pacientes se proveen habitualmente de oxígeno, agujas, antibióticos y suero fisiológico.

– La gestión del repunte de la pandemia –

Tras sortear lo peor de la pandemia el año pasado, Venezuela puso fin a los estrictos confinamientos en diciembre y ahora ha sido testigo de un terrible repunte. Los datos oficiales del opaco gobierno del presidente Maduro muestran unos 183.000 infectados y 1.900 muertos. Pero esas cifras, dicen los médicos, no captan el verdadero alcance del brote.

«Si usted se enfermó hoy, no tengo dónde ponerlo», dijo Julio Castro, un especialista en enfermedades infecciosas y asesor de la oposición venezolana en la respuesta al coronavirus. «Durante un año hemos advertido que las cosas podrían empeorar, y ahora está ocurriendo lo peor», citado por The Washington Post.

La pandemia ha exacerbado la escasez de suministros médicos y medicamentos, alimentando la proliferación de chats de WhatsApp llenos de vendedores privados que ofrecen concentradores de oxígeno por 5.000 dólares y bombonas de oxígeno por 500 dólares.

Esas son sumas accesibles sólo para la pequeña y desaparecida clase media y las élites adineradas, dejando a miles de venezolanos necesitados que recurran a las redes sociales o a los sitios de GoFundMe.

En lo que una vez fue la nación con el PIB per cápita más alto de Sudamérica, años de presunta corrupción y mala gestión, agravados por la caída de los precios del petróleo, han alimentado una mayor desigualdad, señala el medio estadounidense.

– Ricos y conectados –

Los ricos y conectados compran alimentos importados y carros de luj, además de  pertenecer a elegantes clubes de campo. Los extremadamente pobres -el 79,3% de la nación, según una encuesta de la Universidad Católica Andrés Bello de Caracas- viven en la miseria, a menudo en barriadas violentas, y carecen de alimentos adecuados.

Venezuela se ha asegurado unas pocas dosis de vacunas, y las ha reservado para los socorristas y los ancianos.

Sin embargo, algunas élites han conseguido acceder a ellas. Un venezolano adinerado dijo que había obtenido la vacuna rusa Sputnik V a través de un contacto personal local. El hombre, que habló bajo condición de anonimato por temor a las represalias del gobierno, dijo que había comprado vacunas en un hospital público en Caracas a 200 dólares la dosis.

Para los venezolanos más pobres, mientras tanto, el costo de la pandemia es fatalmente alto.

Incluso si una familia consiguiera una cama gratuita en el servicio público de salud, tendría que proporcionar los suministros: guantes médicos (15 dólares la caja), mascarillas (10 dólares la caja), un tanque de oxígeno (100 dólares) y recambios (50 dólares cada uno).